Los coadictos: cuando la adicción también afecta a la familia

Cuando hablamos de adicciones, normalmente pensamos en la persona que consume. Sin embargo, pocas veces se visibiliza a quienes están a su alrededor y también sufren las consecuencias de esta enfermedad: los coadictos.

En el Instituto Lamar entendemos que la adicción no afecta solo a una persona, sino a todo su entorno familiar y social. Por eso, es fundamental hablar de la coadicción y atenderla de manera adecuada.

¿Qué es un coadicto?

Un coadicto es aquella persona que, sin consumir sustancias, desarrolla una dependencia emocional y conductual hacia alguien que sí lo hace. Generalmente son padres, parejas, hijos o hermanos que, con la intención de ayudar, terminan adaptando su vida a la adicción del otro.

La coadicción no es una debilidad, sino una respuesta emocional al dolor, al miedo y a la culpa que genera ver a un ser querido atrapado en una adicción.

Señales comunes de la coadicción

Algunas conductas frecuentes en los coadictos son:

  • Justificar o minimizar el consumo del familiar
  • Sentirse responsable de “salvarlo” o “cuidarlo”
  • Descuidar su propia salud física y emocional
  • Vivir con ansiedad, culpa o miedo constante
  • Poner límites con dificultad
  • Controlar o vigilar excesivamente al adicto

Con el tiempo, estas conductas pueden generar agotamiento emocional, depresión y una profunda pérdida de identidad.

¿Por qué es importante atender la coadicción?

La coadicción puede mantener el ciclo de la adicción sin que nadie lo note. Cuando el familiar cubre consecuencias, miente o evita conflictos, sin querer facilita que el consumo continúe.

Además, el coadicto también necesita sanar. Nadie puede ayudar de forma efectiva si está emocionalmente desgastado.

La recuperación también es para la familia

En el Instituto Lamar creemos firmemente que la recuperación debe ser integral. Por eso, nuestros programas incluyen atención terapéutica para familiares, donde aprenden a:

  • Comprender la enfermedad de la adicción
  • Identificar conductas coadictivas
  • Establecer límites sanos
  • Recuperar su bienestar emocional
  • Acompañar sin controlar ni rescatar

Cuando la familia sana, el proceso de recuperación del paciente se fortalece.

Pedir ayuda también es un acto de amor

Aceptar que se necesita apoyo no es un fracaso, es un paso valiente. Si te reconoces en alguna de estas situaciones, recuerda que no estás solo y que tu bienestar también importa.

En el Instituto Lamar estamos comprometidos con la salud emocional de toda la familia, porque sanar juntos es posible.

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